
Todo el sector vende lo mismo: que lo recupera casi todo. Suena bien y, en muchos casos, es cierto en un porcentaje alto. Pero hay una parte del daño que sencillamente no tiene recuperación, y esconderla no ayuda a nadie, empezando por el propietario. En FIXOREX documentamos lo no recuperable con el mismo detalle que lo recuperable, porque es precisamente ese apartado el que sostiene una indemnización justa.
Lo que no tiene arreglo también hay que escribirlo, con fotos y motivo.
Prometer que se salva todo perjudica al propietario
Parece un argumento comercial inofensivo, pero tiene consecuencias. Si la empresa de restauración afirma que lo recupera todo, el perito valorará la reparación y no la reposición, y el propietario acabará con muebles limpiados que siguen oliendo, con textiles que nadie quiere usar y sin dinero para sustituirlos. La honestidad técnica no es un gesto: es lo que permite que la valoración económica se ajuste a la realidad de lo que se ha perdido. Decir que algo está perdido es defender al cliente, no defraudarle.
Prometer recuperarlo todo abarata la valoración, no el problema.
Lo que prácticamente nunca se recupera
Hay categorías donde la respuesta es casi siempre la misma. Los colchones y los edredones absorben partículas y compuestos volátiles en toda su masa y no hay tratamiento que los deje aptos. Los aislamientos térmicos y acústicos expuestos, igual. Los alimentos, aunque estén envasados, cuando el envase no es hermético o ha estado sometido a calor. Los equipos de protección individual, las mascarillas y los filtros. Los pequeños electrodomésticos con motor abierto expuestos a residuo clorado. Y los materiales porosos deformados por el calor, que aunque se limpien han perdido sus propiedades.
Colchones, aislamientos, alimentos y filtros: pérdida casi segura.
Lo que depende del test, no de la opinión
Entre lo claramente recuperable y lo claramente perdido hay una franja amplia que solo se resuelve probando. Un sofá tapizado puede salvarse o no según el tipo de depósito y la profundidad a la que haya llegado. Un armario de melamina depende de si el canto ha absorbido. Una pared de yeso pintada depende de si el pigmento se ha quedado en la pintura o ha migrado al soporte. En estos casos hacemos la prueba en una zona discreta, valoramos el resultado y lo dejamos por escrito, con el criterio aplicado.
En la zona gris no se opina: se prueba y se anota el resultado.
Cómo se documenta una pérdida correctamente
Un apartado de no recuperables útil tiene cuatro elementos por cada partida: qué es, dónde estaba, en qué estado ha quedado y por qué no tiene recuperación. Ese último punto es el que casi siempre falta y el que da valor al documento. No basta con escribir sofá inservible; hay que explicar que el depósito graso ha penetrado en la espuma y que un tratamiento de tapicería no elimina el compuesto absorbido. El perito no necesita que le convenzan: necesita un motivo técnico que pueda trasladar a su informe.
Qué era, dónde estaba, cómo quedó y por qué no tiene arreglo.
Fotografía fechada y con contexto
Las fotos sirven si están hechas con criterio. Cada partida necesita una imagen general que la sitúe en la estancia y una o dos de detalle que muestren el daño concreto: la penetración del depósito, la deformación, la marca de calor. Todas fechadas y, si es posible, con referencia de escala. Una carpeta con cincuenta fotos sueltas y sin orden aporta poco; treinta fotos ordenadas por estancia y por partida, con su pie descriptivo, hacen que el peritaje avance sin idas y venidas.
Treinta fotos ordenadas valen más que doscientas sueltas.
No tires nada antes de la peritación
Es el consejo que más repetimos y el que más cuesta seguir, porque el impulso de sacar de casa lo que está destrozado es fortísimo. Pero un objeto tirado antes de ser documentado deja de existir para el expediente. Si algo resulta insoportable de tener delante, se puede retirar a un espacio aparte, pero no eliminar. Y si hay que desalojar por seguridad, conviene fotografiarlo todo antes, aunque sea con el móvil. Una imagen mediocre hecha a tiempo vale más que un informe impecable hecho tarde.
Lo que se tira sin documentar deja de existir para el seguro.
El listado de recuperables también importa
La otra cara del documento es igual de necesaria: qué se va a recuperar y con qué tratamiento previsto. Ese listado permite al perito entender en qué se va a invertir y por qué el presupuesto tiene el importe que tiene. Además compromete a la empresa de restauración: si figura que un elemento es recuperable, tiene que entregarse recuperado. Es una forma de trasladar el riesgo al que sabe, que es como debería funcionar siempre.
Si figura como recuperable, tiene que entregarse recuperado.
Por qué esto acelera el peritaje
Un expediente que llega ordenado, con mapa de daño, clasificación del depósito, listado de recuperables con tratamiento y listado de pérdidas con motivo técnico, se resuelve en una fracción del tiempo. Las discusiones habituales entre compañía y asegurado nacen casi siempre de la falta de información, no de la mala fe. Cuando cada partida tiene su justificación escrita, hay poco que discutir y el proceso avanza. Para el propietario, eso se traduce en cobrar antes y en volver antes a su casa o a su negocio.
La mayoría de las discusiones con el seguro nacen de la falta de datos.
Qué pedirle a tu empresa de restauración
Antes de firmar nada, pide ver el modelo de informe que entregan. Si incluye un apartado de elementos no recuperables con justificación técnica, estás ante una empresa que trabaja con criterio. Si el documento es un presupuesto de limpieza con metros cuadrados y poco más, tendrás que construir tú el expediente, y lo harás peor y más tarde. La calidad de la documentación es tan parte del servicio como la calidad de la limpieza, aunque casi nadie la valore hasta que la necesita.
Pide ver el modelo de informe antes de firmar el presupuesto.